¡Birmania clama por democracia… y Chile se queja de la suya!

free-burma.jpg· El pasado sábado 20 de octubre en automóviles con altavoces, se levantaba el toque de queda impuesto por la Dictadura Militar birmana, tras las constantes protestas de civiles y monjes en contra del alza de precios en los combustibles y por la petición del regreso de la democracia para su país.

Por Guillermo Rodríguez

Fotos: BBC Mundo

Es que los nuevos elevados precios de los carburantes, que tomó la Junta Militar el 15 de agosto, provocó que más de 20 mil personas, de los cuales casi la mitad eran monjes, salieran a las calles de manera pacífica alegando contra las obligatorias disposiciones. Hoy, sin embargo, tras la masacre y la desesperación de la Junta, hizo que la medida de restricción de libre tránsito fuera depuesta.

suu-kyi.jpgLos puntos de mayor hostilidad en esta batahola de alegatos se vivieron entre el 23 y 27 de septiembre, cuando tras las protestas la Junta Militar atónita, miraba cómo se repetía la revolución social registrada en 1988. Ante esto optó por sacar a las fuerzas militares a la calle para reprimir a los manifestantes. Éstos ya habían llegado al lugar donde vive Aung San Suu Kyi, opositora al gobierno militar (y ganadora del Premio Nobel de la Paz en 1991), quien ante el fervor popular hizo una nueva aparición pública, tras cuatro años sin tener noticias de ella, pues está bajo arresto en su casa por más de 11 años por orden de la Junta.

Con el comienzo de las movilizaciones y las presiones internacionales, el gobierno birmano comenzó a desesperarse, pues la situación se les escapaba de las manos. Así, tras días en que la capital Rangún y ciudades aledañas se vieran convulsionadas por la denominada “revolución azafrán”, el día 27 se dio como ultimátum 10 minutos para que se terminara con la protesta. El tiempo pasó, pero los manifestantes no claudicaron, por lo que las fuerzas militares abrieron fuego contra todo individuo insurgente. Durante esa jornada se registraron al menos 15 muertes, incluyendo de la de un fotógrafo japonés de 50 años, identificado como Kenji Nagai. Testigos aseguran que el gráfico “vestía pantalones cortos, por lo que era lógico que no pertenecía a la revolución, pues los monjes acostumbran a usar sus túnicas color azafrán”, con lo que quedaba más que claro que los militares no se molestaron en discriminar a quiénes iban dirigidas sus balas.

junta-militar.jpgYa el día 25 de septiembre, la Junta Militar ordenó el toque de queda que prohíbe salir a las calles en la capital Rangún y en Mandalay –la segunda ciudad del país- donde además se restringen las reuniones entre personas con un máximo de hasta 5 integrantes por grupo.

Tras casi un mes de coartada la libertad de tránsito y a semanas de la masacre de civiles, monjes y a la prensa internacional, el mundo repudió el actuar birmano. Además, se le critica el que mantenga a la oposición tras las rejas. Las reacciones no se hicieron esperar, pues Estados Unidos a través del Consejo de Seguridad de la ONU impondrá sanciones al país ubicado en el sudeste asiático. Sin embargo, con su alianza con China (integrante del Consejo y con derecho a vetar cualquier resolución del conglomerado), el país comunista apela por un mejor trato para con Birmania.

Contrario a todo el cuestionamiento en su contra, la prensa oficialista de Birmania, señaló que en realidad, no hay nadie en prisión por motivos políticos. Están en la cárcel sólo aquellos contra quienes se puso en marcha una acción por violar las leyes existentes”, afirmó el diario oficial Nueva Luz de Birmania, controlado por la Junta.

En la misma línea de los Estados Unidos, Japón desechó el envío de US$4,7 millones de dólares que serían utilizados para un centro de recursos humanos, lo que acentúa la alerta en la política internacional, no sólo en occidente, sino que también en la potencia asiática.

La triple alianza birmana

Ante las manifestaciones de septiembre, el gobierno birmano trató de caracterizar las manifestaciones como movimientos dirigidos “por elementos destructivos internos y externos“, explica Soe Win Than, jefe de la oficina del Servicio Birmano de la BBC en Bangkok. Sin duda pensaban en el refrán popular que advierte que el régimen militar tendrá problemas cuando los tres hijos de la nación unan sus manos.

monjes1.jpgLos tres hijos (un juego de palabras en birmano) son los estudiantes, los monjes y los soldados. Los dos primeros grupos han estado a la vanguardia de las protestas contra la represión desde el movimiento de independencia en 1988, y los generales temen que estas dos fuerzas se alineen contra ellos, según Soe. Además, explica que ésta es una hora particularmente delicada para el gobierno militar, que recientemente celebró una Convención Nacional como primer paso hacia lo que los generales califican como democracia.

Esta convención sentó las bases para redactar una nueva constitución que permita a los militares seguir gobernando al país. La nueva carta fundamental se someterá a referéndum y es vital para ellos que se apruebe, aunque para eso necesitan apoyo popular. Tal vez se dieron cuenta demasiado tarde de que el aumento a los precios de los combustibles se hizo en un pésimo momento.

Aunque no todos los birmanos participan todavía en las manifestaciones, es muy probable que cuando se sientan los efectos del aumento se sumen más a las protestas. Y entonces a los generales sólo les quedará rezar”, sentenció Soe.

Raya para la suma

monjes2.jpgEs evidente que tras independizarse de Inglaterra tan sólo en 1948, Birmania (Unión de Myanmar para la Unión Europea) nunca esperó que su futuro fuera tan inhóspito y desolador como en la actualidad, pues tras dominar los militares el país, la calidad de vida disminuyó drásticamente, así como los derechos de todos sus habitantes.

Por otro lado, es importante considerar las acciones “democráticas” que está tomando Estados Unidos a través de su Presidente George W. Bush, quien se atreve a criticar a un país inundado por el flagelo de la injusticia en todo orden de cosas y no es capaz de mirar su propia yaga en su ojo, con la invasión a Irak, por conseguir el petróleo y así seguir acumulando billetes verdes y continuar situándose como el referente para los que pretenden gobernar no sólo un país, sino que los destinos del mundo.

La última vez que Birmania vivió un proceso eleccionario-democrático fue en 1990, donde Aung San Suu Kyi salió victoriosa, pero la Junta desconoció los resultados y se negó a dejar el poder. Ahora los monjes y el mundo civil claman por el regreso de la democracia para su gente, sin embargo, si a nosotros nos costó casi dos décadas: cuánto les tomará a ellos.

Es que muchos se sienten con los argumentos suficientes para criticar el sistema de participación ciudadana en el que estamos inmersos, pero nadie se da cuenta, ni agradece que no vivamos este tipo de situaciones, que ya se conocieron con muertes cruentas y personas que aún no aparecen para la tranquilidad de sus familiares. Un pasado que nadie debiera volver a vivir. El mismo del que otros aseguran no haberse percatado. Es que a la hora de criticar todos somos generales, pero al actuar, siempre somos los primeros soldados que servirán para otra guerra.

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